29 de octubre de 2008

Paraíso de 7 millas

Estancado en un páramo de mi existencia a medio camino entre la presencia física y el Paraíso terrenal, anclado sin más en la extrema calma de mi reposera, perdida en un remoto punto de esta playa de las siete millas (seven mile beach). Habiendo gozado hoy de una mañana perfecta, no me quedan excusas para no retomar por la tarde mi extenuante trabajo, la elaboración de una extensa loa oficialista que luego llevará el nombre de un otrora célebre periodista de opinión. Hoy día no ostenta tal fuerza literaria sino un deshilachado cordel de laureles marchitos y putrefactos. El señor prácticamente ya no crea, pero rubricará mi talento a cambio del preciado líquido que perpetuará mi estancia privilegiada.
Y hoy ha llegado hasta mi Yazmine, con sensual y ondulante paso, regando diamantes en la arena con cada nueva huella tras sus pies angelicales. Descendiente de españoles ingleses y sangre caribeña, sus ojos color cielo se destacan en al marco de su piel de una indecisa tonalidad, cercana más a la bronceada palidez, que al moreno natural.

Yazmine me brindó una sesión de masajes-caricias que de nuevo me pusieron al límite del orgasmo espiritual. No sólo se trata de su técnica y sus suaves manos. Es que con ella, casi mágicamente, nunca jamás intercambiamos una palabra. En un principio porque ella hacía las veces de asistente y se limitaba a actuar ante las esporádicas indicaciones de su jefa Camille. Luego, un día faltó Camille y no hizo falta decir nada para dar paso a la rutina del masaje que tanto había yo deseado de sus manos, mientras Camille me transportaba al estado de trance, y yo me abandonaba a los ojos de Yazmine que sin motivo alguno me regalaba la más pura sonrisa, algo común en estos trópicos donde el sentimiento de brindar cariño y afecto no necesita de justificación ni contraprestación alguna, más bien parece brotar de las entrañas mismas de la tierra, perfecta combinación de formaciones calcáreas y arrecifes sedimentarios en divina proporción tamizada por las eras.

Hoy al despedirla me he dejado llevar dándole un muy suave beso en sus labios, lo cual lejos de aplacar mi sed por sus manos, me ha abierto todo un nuevo mundo de necesidades que la involucran. Aún ignorando si es ella muda, no creo, seguramente hable un inglés isleño. Pero no estoy seguro de querer conocer el tono de su voz, en un punto temo que arruine la excelsa perfección de todos sus modos, sonrisas y miradas.

¡Yazmine... regresa pronto quisiera gritarle! Parezco un joven tontuelo de nuevo enamorado... Créame Juan Argentino que para describir su belleza no me basta con una o dos páginas. Para marcarle una referencia común a ambos, podríamos remontarnos a las épocas de gobernación provincial temprana de Miucha Katrina, cuando destilaba frescura sin necesidad de tanta cartera importada, y ni me quiero imaginar sus atributos en la época de militancia que -dichoso de usted- tuvo el privilegio de compartir.

Me reacomodo en la repo hacia un lado y hacia el otro, y sólo logro ver una inagotable playa extenderse vasta y calma hacia el horizonte. Veo las huellas de Yazmine como algo sublime y hermoso que en pocas horas ya no habrá de existir más que en mi recuerdo, hasta que con el correr de nuestros encuentros sus manos y mi piel conformen un sólo continente inseparable...

Discúlpeme Badalume, estas tierras pueden ser muy engañosas para el extranjero, incluso luego de años de residencia, estos hechos me hacen creer que las historias de navegantes y sirenas, -o los pintorescos relatos que involucran piratas de renombre- puedan tener visos de realidad.

Si con suerte logro remontar esta heroica cuesta en horas de la tarde, le haré conocer pronto mi nuevo trabajo. Por cierto encuentro lo suyo fascinante, a su completa altura. Además la sola mención de su tranquilizadora conversación con Vizcacha Rohmer por el tema de los cheques, me despeja de inútiles fantasmas y puedo vislumbrar nuevamente mi visión resplandeciente de la isla propia para cuando me jubile de este calvario laboral.

¡Un gran abrazo Compañero Juan Argentino!

Alfredito Cosme Mirabete - Periodista, Líder de opinión.
Seven Mile Beach - Grand Cayman - Cayman Islands