Querido Juan Argentino:
Créame que hubiera querido escribirle para elogiar su encomiable tarea evangélico-compañerizante en aquel remoto atolón, con el sano fin de regalar al mundo nuevas generaciones de acólitos al General. Pero la belleza y lo hipnótico de este paradisíaco refugio Caymaneño que desde hace años he elegido por hogar, me ha jugado una muy mala pasada.
Mis últimos tiempos no han sido para nada fáciles. Debí suponerlo todo desde un principio. Ahora que todo se ha precipitado de esa funesta forma, la única alegría de mi vida es este merecido cheque recibido en tiempo y forma de la generosa mano del compañero Vizcacha Rohmer, papel con numerosos ceros que atesoro como al último boleto a la libertad.
Cuando por primera vez hube ingresado en el hogar-posada de los Martin y me vi deslumbrado por la maravillosa aparición de Rosalind Martin, una esbelta natural de Cayman en sus dulces 16, ese debió haber sido el momento mismo de mi partida.
Jamás debí haber ignorado ese fugaz cruce de miradas que presagiaba la tragedia, pero al cabo de unos minutos veía como mi puño firmaba enajenado el contrato con Isaia Martin, su padre, un macizo moreno de calvicie incipiente. Totalmente fuera de mi control, y presa fácil de una malsana combinación de mis fetiches, presentada así sin más frente a mis ojos.
La situación era en ese sentido dañina a mi sensibilidad, lo tenía todo, la pareja interracial, la madre voluptuosa, la hija en el esplendor de su despertar sexual.
Hubo momentos en que el equilibrio de esta insana ecuación se sostenía por el romance platónico con las manos y los ojos de Yazmine durante las sesiones de masajes.
El hielo no demoró en quebrarse con los calores tropicales, el poco milimetraje en las ropas de la inquieta Rosalind… y las miradas furtivas de su blonda progenitora.
Resumiendo… Isaia me encontró corcoveando como un perro sobre su preciada hija en su mismísima cama matrimonial y sólo fui salvado de su certero machetazo por mi fiel compañera notebook HP 530 Core 2 Duo (QEPD) que en ese momento proyectaba “Brazilian Butzz” como ingrediente de la perfecta situación.
Ahora debería usted felicitarme Badalume, pues a mis 43 años, estoy casado en primeras nupcias con Rosalind Martin de Mirabete, luego de una obligada -a filo de machete- pero preciosa ceremonia en la playa de las siete millas.
El hecho no es del todo negativo considerando que ahora tengo la ciudadanía isleña y una coqueta casa a metros de la playa. Todo ello sin haber desembolsado un céntimo de mi nutrida cuenta engordada con los favores de la gestión, recompensa a toda una vida de comprometido servicio con la causa.
Recordé en la soledad de mi ceremonia a todos los compañeros y amigos de mis comienzos al comando de mi “unidad básica”-mi puestito de panchos frente a la gobernación de la sureña comarca- donde entre pancho y pancho fui congraciando con el amigo Vizcacha Rohmer y con Miucha Katrina en aquellos hermosos años 90.
Luego como un flash vi pasar mi vida en sus momentos supremos, mi desembarco en el noticiero local, la hábil maniobra con que me adjudicara la cobertura del mundial de fútbol, y los valiosos contactos que me depararían toda una vida de “liderazgo de opinión”. Mis sucesivos ascensos a digitados cargos provinciales hasta mi “renunciamiento” para militar en las tinieblas del secreto poder que me otorga este filoso teclado setentista. (menos filoso que el machete del señor Martin, o debiera ahora llamarlo papi).
En medio de toda esta terrible hecatombe que juro que no logrará poner fin a mi obstinado libertinaje sexual, es que he debido escribir un discurso triunfal para un gobernador que pretendía llevarse los lauros, de una rotunda victoria deportiva a costa de los sacrificados atletas.
La victoria deportiva fue una asquerosa y humillante derrota. El discurso jamás fue leído. Pero a quién le importa si yo aquí ostento en lo alto cual el más orgulloso portador MI CHEQUE, ancla, alegría y faro ante el súbito recorte de mi otrora bien ganada libertad en base a “operación límpia”.
Créame que no es necesario esta vez que me explaye sobre las exaltadas y triunfalistas palabras que escribí para el gobernador que ahora deberá buscar otra mejor ocasión para hacer públicas sus ambiciones presidenciales. En cierto punto me alegra por lo que esto de alguna forma significa… otro seguro trabajito y otro cheque.
Ahora ya necesito despedirme compañero Juan Argentino, Rosalind está regresando del colegio para dar rienda suelta al fetiche de la colegiala en Jumper. Y hoy no vendrá sola, ha logrado que Lisa, la traviesilla del curso se junte con ella a estudiar ante el casi seguro desconocimiento de sus padres que no se lo hubieran permitido. ¿Lo haría usted Badalume?
Un cordial saludo y disculpe el no haber podido participarlo… me fue imposible. Tenga cuidado usted con las féminas del trópico, no le deseo a nadie la prisión del matrimonio en el mismo paraíso repleto de jóvenes hermosas.
Alfredito Cosme Mirabete - Periodista, Líder de opinión.
Seven Mile Beach - Grand Cayman - Cayman Islands
25 de noviembre de 2008
Trunco Discurso triunfal
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